Los lunes en mi casa

De escribir, de los escritores, de leer y de los libros

Etiqueta: vamos a contar mentiras

RECORTA, PEGA Y COLOREA

Tengo dos trabajos. Es lo que pasa, que ahora para juntar un sueldo necesitas trabajar en dos sitios.

Uno, como ya he mencionado en otras ocasiones, es el de dar clases de Técnica Narrativa en la escuela Vamos a contar mentiras, y el otro es el de conserje en una escuela.

Pues bien, a principios de septiembre, cuando volvimos a la escuela todos, una de las profesores se me acercó:

-¿Qué tal el verano?

-Muy bien, gracias. ¿Y el tuyo?

Bien, bien.

Y entonces, en el mismo tono que si me preguntara que tal el recreo con mis amiguitos, añadió:

-¿Ya has escrito mucho?

A lo que yo respondí:

-Ni una sola palabra. Yo, durante las vacaciones, no trabajo.

Ella sonrió. Creo que se quedó un poco cortada porque no me dijo nada más y se fue.

No ocurre con todo el mundo, pero en general, cuando explicas a los demás que escribes -y hablo incluso de personas cercanas: familia, amigos…-, ellos asienten, y dicen:  Aaah ¡Qué interesante! Y su cabeza codifica la acción de escribir en el campo que abarca los hobbies.

No niego que la escritura tiene una parte muy lúdica pero es un trabajo pesado, que requiere concentración, que hay días en los que no hay manera de que se refleje con claridad en el papel lo que uno quiere explicar. Lo desesperante que es saber que cuando has acabado de contar, te queda volver a empezar para revisar y reescribir la historia.

Es como si escribir estuviera reservado para cuatro mentes preclaras y lo que hacemos los demás fueran manualidades, entretenimientos.

He repetido muchas veces que no soy escritora porque todavía no estoy publicada y por lo tanto no recibo ni el reconocimiento ni la remuneración que deben recibir los profesionales de cualquier disciplina, pero de ahí al recorta, pega y colorea hay un largo tramo.

VAMOS A CONTAR MENTIRAS

Decir la verdad no tiene ninguna complicación.

Puede que según qué verdades sean un poco peliagudas de explicar, la sinceridad no es bien recibida en todas las ocasiones. Sin embargo, en general, contar algo que en realidad ha sucedido no requiere más esfuerzo que el de recordar los acontecimientos y verbalizarlos, sin añadir nada de cosecha propia.

Para los que escriben, decir “toda la verdad y nada más que la verdad”,  no vale. Los escritores mienten. Pueden partir de un suceso real pero, con frecuencia,  añaden algún que otro detalle que adorna la verdad  o todo lo contrario, esconden ciertas cosas que no vienen al caso, o que no conviene relatar por el bien de la historia.

También puede ser que el escritor mienta en la totalidad de los hechos que ocurren en la narración, y ese es un reto mayor que los demás.

Partir de la verdad ayuda, aporta un punto de referencia a partir del cual se construye el relato.  Hay incidentes reales y los personajes se basan en alguien que existe.

Mentir, inventar toda la historia de pe a pa, —la trama, los personajes, las ubicaciones—, exige un esfuerzo mayor. Hay que estar alerta: hacer un buen trabajo de construcción de personajes para que parezcan personas de verdad, contradictorios y capaces de las cosas más inverosímiles —como todo ser humano—, sin abandonar la coherencia; vigilar las expectativas que uno abre de cara al lector para no dejarle con la sensación de que al final de la historia hay cabos sueltos, cosas que no se entienden o que nadie sabe dónde van a parar.

El trabajo de un escritor no solo es el de contar mentiras, sino el de hacer que esas mentiras sean creíbles.

El otro día, hablaba con Imma Grau, una de mis alumnas, actriz, y que durante un tiempo trabajó en una escuela de interpretación dando clases a los niños. Ella me contaba que uno de los ejercicios que realizaba con los chavales era el hacerles mentir.

“Hoy me vais a contar una mentira, lo que queráis: que una familia de marcianos vive en el mismo edificio que vosotros, que vuestro perro habla, que mañana el sol no va a salir… Pero cuidado, yo tengo que creerme esa mentira. Tenéis que hacer que crea que lo que estáis contando es cierto”.

Algunos de ellos no podían por más que se esforzaban, y eso que los críos son unos patrañeros que se pasan el día intentando colar unos embolados de órdago a sus padres, profesores y amigos —para no ir al cole, para hacerse los chulos delante de los demás…—. Hay que estar concentrado para engañar con verosimilitud.

Para mentir hace falta control, no descuidar ni uno de los hilos que sostiene la farsa, no permitir que nos pillen en una contradicción, no dejar espacios en blanco. Esas habilidades se agudizan a medida que nos hacemos mayores.

Mentir, en el caso de los escritores, es un ejercicio de imaginación. Y tal y como decía Albert Einstein:

La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento se limita a todo lo que ahora conocemos y comprendemos, mientras que la imaginación abarca al mundo entero.